Un día en la plaza

Una ciudad. Un barrio. Una plaza. ¿Alguna vez te has detenido a observar cómo cambia este pequeño fragmento de un espacio urbano tan común durante el día? Rotan los colores, la luz, la gente. La plaza no es la misma a las seis de la mañana que a las cuatro de la tarde. Podría ser […]
  • En la madrugada, ausencia de gente y de luz natural. Se apagan las farolas y el día comienza.
    En la madrugada, ausencia de gente y de luz natural. Se apagan las farolas y el día comienza.
  • Por la tarde, la plaza es testigo del juego de los niños al salir del colegio.
    Por la tarde, la plaza es testigo del juego de los niños al salir del colegio.
  • Cae la noche en la plaza, cuyas terrazas invitan a tomar el fresco, acompañado por tapas y copas.
    Cae la noche en la plaza, cuyas terrazas invitan a tomar el fresco, acompañado por tapas y copas.

Un día en la plaza

Una ciudad. Un barrio. Una plaza. ¿Alguna vez te has detenido a observar cómo cambia este pequeño fragmento de un espacio urbano tan común durante el día? Rotan los colores, la luz, la gente. La plaza no es la misma a las seis de la mañana que a las cuatro de la tarde. Podría ser cualquier plaza en cualquier ciudad. La que hemos observado aquí es la plaza del Sortidor del Poble-sec, un espacio histórico del barrio, desde siempre un lugar de encuentro y tránsito, uniendo las distintas facetas de la vida cotidiana: el despertar de la ciudad, las personas que la cruzan durante el día, los juegos, los vehículos, las terrazas y la vida social, el vecindario. Cada segundo del día la transforma, en apariencia y en uso.