El hombre de hierro

M. tiene 30 años, es de Burkina Faso y lleva tres viviendo en Barcelona. Trabaja como chatarrero. A cualquier hora del día está dando vueltas por las calles con su carrito de la compra. Lo mismo que yo lo cargo de comida, él lo llena con cosas que los ciudadanos tiran pensando que nunca más […]

El hombre de hierro

M. tiene 30 años, es de Burkina Faso y lleva tres viviendo en Barcelona. Trabaja como chatarrero. A cualquier hora del día está dando vueltas por las calles con su carrito de la compra. Lo mismo que yo lo cargo de comida, él lo llena con cosas que los ciudadanos tiran pensando que nunca más podrán ser reutilizadas. Una nueva figura de operador ecológico sin contrato ni papeles, que ayuda en el difícil trabajo del reciclaje.
Vende las chatarras en almacenes que compran hierro. De media, gana entre 300 y 500 euros al mes. La mayor parte de sus ingresos los envía a su familia. Con el resto, paga el piso que comparte con otros cinco compatriotas y compañeros.
Él lo tiene claro, la forma de quedarse aquí es cargar con kilos de metal hasta que pueda permitirse regresar a su amado país.